La historia de mi episiotomía

By | septiembre 18, 2014

Con este testimonio nos gustaría visibilizar algo, un problema que bastantes mujeres tiene y que sólo algunas se atreven a verbalizar para poder buscar una solución y llegar a sanar.

Gracias María por tus palabras.

 

suelo pélvico

La historia de mi episiotomía empezó en el momento del parto. Podría haber sido un «relato breve», pero se convirtió en una «novela» cuando mis puntos tardaron más de lo normal en curar. Lo asocié  a mi mala cicatrización… así que, lo de la cuarentena…

A los tres meses, en una conversación con una amiga que tenía un bebé, le pregunté por su recuperación y me dijo: “Uy sí, tarda…. pero se recupera,  ya verás”. Entonces decidí darme un poco más de tiempo, pero la realidad ya era que mi cicatriz me molestaba al tener relaciones,… y mucho…

Cuando mi bebé ya tenía casi 8 meses había pasado por todas las fases y encontrado muchos culpables: «será por la lactancia que me tiene las hormonas alteradas», » lo mismo yo hoy no estaba muy animada», «el niño se despertó en el peor momento», «quizá ese lubricante no sea bueno»,… el caso es que me dolía

En esa época una buena amiga , que tenía un bebé medio año menor que el mío, me comentó en una conversación íntima lo contenta que estaba, se sentía recuperada en sus relaciones sexuales, estaba encantada porque había tenido miedo y blablablá… Yo seguía sin sentirme bien…  le daba una y mil vueltas a la cabeza y seguía buscando culpables: «esa matrona pudo cortar menos… cambiaré de marca de aceite rosa mosqueta, buscaré otro lubricante, la lactancia»,… Hasta que un día, por fin, me reconocí a mí misma que había un problema físico y no era culpa de la lactancia, ni del aceite rosa mosqueta…

Luego llegó la resignación: ¿esto se arreglará en 10 meses, un año, nunca…?.

Vinieron a mi cabeza todas esas comidas familiares en las que en el momento del café todas las mujeres se juntan en la misma esquina de la mesa y salen a la luz los embarazos y partos de cada una: “menos mal que me hicieron cesárea del segundo porque soy de pelvis estrecha y en el primero fue horrible; bendita epidural; qué suerte tuve con aquella matrona; 25 horas de parto y al final no sabía ni dónde estaba; qué horror lo del azúcar; nunca olvidaré las náuseas vespertinas, …” y, sobre todo me venían a la cabeza esos comentarios de las madres que ya son abuelas y dicen: “Yo nunca volví a ser lo de antes; cuando vienen las lluvias, a mí el último punto que me dieron me sigue doliendo,…” ¡HORROR! ¡Me veía en 30 años siendo una de ellas!

Llegó entonces la lucha interna: » ¿en serio me tengo que resignar? ¡alguna solución habrá!»

Y un día cualquiera en una conversación cualquiera, una conocida (que esperaba feliz su segundo bebé), me dio el nombre de Carmen hablando de partos y cicatrices. Vi la luz: encontrar a Carmen y la terapia neural que aplica me ha ayudado a volver a encontrarme a mí misma. Llegué a ella con algo de escepticismo pero con la esperanza y el positivismo de que había una solución. La primera sesión consiguió una recuperación del 60%, pero gracias a la segunda sesión ahora me siento recuperada.

He conseguido reencontrar mi vida íntima y me he dado cuenta de que, efectivamente, había un problema físico y no era ni la lactancia, ni la marca de aceite o lubricante, ni mi cabeza (a la que echaba la culpa muy a menudo)…

Gracias a la terapia neural he podido recuperar lo que tenía hasta antes del parto y que durante 10 meses pensé que quizás nunca volvería a tener.

Gracias y mil gracias a Luna de Brigantia y a sus matronas…¡Seguiremos en contacto!

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