Terapia neural para el dolor de la episiotomía

By | enero 15, 2019

El dolor en el periné tras una episiotomía tiene varias alternativas de tratamiento,  La terapia neural es una de ellas y Paula ha querido compartir su experiencia y como recuperó la vida de su periné.

Madre valiente y mujer poderosa, se enfrentó a todo lo que no quería en su parto y con esfuerzo salió transformada y fortalecida.

Terapia neural. Ni siquiera sabía que tal cosa existía ..¿y qué hubiera sido de mí si jamás llegase a conocerla?

La historia comenzó con un parto terrible, de esos de los que no deberían existir, de esos que te dejan secuelas en el cuerpo … y en el alma. Y en el cual se violaron normas fundamentales como mantenerme informada de lo que el equipo estaba decidiendo, realizar prácticas prohibidas y desaconsejadas como la maniobra de Kristeller, rotura de bolsa, uso de fórceps y, cómo no, una hermosa episiotomía  precedida de mi grito de auxilio negándome a ello. Un show que ahora, pasado el tiempo, puedo narrar sin derretirme en lágrimas.

Consecuencia de ello, la cicatriz de la episiotomía molestaba. La notaba a veces al sentarme, al mantener relaciones e incluso caminando. Acudí a mi ginecóloga y me aseguró que era perfectamente normal esa molestia, que le diese tiempo, un gel para recuperar la mucosa vaginal y andando. Huelga decir que no quedé en absoluto satisfecha con tal diagnóstico y, un buen día, hablando del tema con otras mamis, me sugirieron que acudiese a terapia neural. Al parecer inyectaban una suerte de líquido en la cicatriz y esta recuperaba su elasticidad y dejaba de molestar. Parecía magia…pero la sola idea de que alguien volviese a hacerme daño en esa zona me causaba pavor.

Lo pospuse lo máximo que pude, pero un día sí y otro también aquellas molestias en la cicatriz me hacían revivir la injusticia, el dolor, el miedo y lo terrible de mi parto. Así que decidí que quizá era mejor probar con las agujas y, así, acabar con aquello, pasar dolor un momento y no durante toda mi vida.

Llamé a Marta y fui a la cita. Acojonada. Pero fui.

No fue un rato agradable la verdad, pero gracias a la actitud comprensiva, atenta y delicada de Marta la cosa se llevó mejor. Sudé, respiré, aguanté y terminó.

Me habían advertido que los días posteriores podría notar escozor, picor o molestias. En mi caso, sí noté como un cierto picor ese mismo día y al día siguiente, pero lo que sentí los días posteriores fueron mucho más allá, tanto que por eso escribo este relato, para compartirlo, por si a ti también te sucede, para que sepas que no estás sola, que hay solución, que no tienes por qué resignarte a vivir incómoda, molesta, irritada y preocupada por si ya nunca más vas a recuperar totalmente esa zona tan íntima y tan importante de tu cuerpo.

En mi caso, lo que sucedió los días posteriores fue como si alguien o algo hubiese dado vida a esa zona. La molestia inicial que yo tenía podría definirla como tener una especie de cartón, algo ajeno a mi cuerpo que estaba ahí, continua y habitualmente molestando y, como digo, haciéndome revivir el daño. Al realizar la terapia neural lo que sucedió fue que integré de nuevo esa zona en mí. No puedo decir que aquellos días dejase de molestar, pero no era la misma molestia, ahora era como una sensación que me recordaba que esa parte de mí me pertenecía, que estaba integrándose de nuevo, la notaba viva, mía, entera, capaz, poderosa…Algo así como recuperar mi periné y que este me dijera en voz alta: “tranquila, aquí hubo un daño, sí, pero aquí también hay fuerza y ahora está sanando”.

Tres meses después de aquella sesión puedo decir que tengo cero molestias, cero dolor y todavía me parece increíble. Ojalá muchas mujeres sepan que pueden sanarse, ojalá muchos profesionales médicos faciliten esta opción, se informen y, por ende, nos informen. Y ojalá existieran muchas hadas como Marta o Carmen capaces de devolvernos la vida … y nuestros cuerpos. Benditos cuerpos.

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