Cuando habría sido el día de su nacimiento?

By | noviembre 11, 2015

Cuando habría sido el día de su nacimiento? Hoy? Hace una semana? La semana que viene? De lo que estamos seguras es de que habría nacido con el mismo amor y respeto con el que se despidió.

Tercera parte de la historia de un bebé que vivió fugazmente, de la que podéis leer también este y este otro post.

Un abrazo a su madre.

-Corazón lleno, manos vacías-

La primera imagen que tengo de mi misma es de estar en el coche volviendo del hospital. La sensación era de plenitud, totalmente bajo los efectos de las hormonas. Un chute natural de oxitocina y endorfinas corría por mis venas, por mi corazón y mi alma. Una sensación total de estar flotando, absolutamente drogada, en paz, en equilibrio. El coche volaba, y me llevaba a casa en plenitud. No sé que hice al llegar, no recuerdo cuando fuimos a recoger a tus hermanos. Sólo sé que tenía ese subidón de hormonas, pero ningún bebé en mis brazos, ningún bebé que achuchar, acariciar y amamantar. Mis pechos vacíos. Mi cuerpo no crea alimento para un bebé que era demasiado pequeño siquiera para necesitarlo. Una gran sensación de vacío me invade. Me siento bien, estoy en armonía, pero me faltas tú.

MagnoliosSí, hacer lo que me dictaba el corazón, sin duda, ha ayudado muchísimo. Me siento bien conmigo misma, orgullosa de poder mantenerte en casa, de ver ese magnolio crecer desde mi ventana. Pero te echo de menos, tanto de menos… Sin vacilación volvería a elegir este procedimiento para despedirte. Sin tomarme nada farmatológico. Así, todo a pelo. Si ya fue demasiado intenso al natural, no quiero saber cómo hubiese sido con la intensificación de las pastillas. Si ya es duro no tenerte. El vacio que has dejado, que pesa en mí, que siento en mi corazón… cómo hubiese sido si me hubiesen roto el cóctel hormonal con drogas. Cómo estaría psicológicamente ahora. Nunca lo sabremos, pero seguro que lo habría llevado mucho peor, sin hormonas que me arropen, y aún encima ajena a mi propio cuerpo.

Recuerdo la plenitud de mi corazón expandiéndose, creciendo, llevando cada recoveco de mi cuerpo, de mis venas, de mi ser. Ha sido tanto lo que me has dado y lo que has dejado en mí. Muchas gracias por toda esta experiencia, por toda esta aventura, este aprendizaje que nunca acaba. Sí, con un punto oscuro, pero bañado del amor más puro, más incondicional. Sólo puedo darte las gracias por haber venido a nosotros, el tiempo justo para enseñarme tanto.

Es difícil explicar un postparto sin bebé, sin ti. Es un cúmulo de sensaciones profundas muy intensas… Nadie te trae flores, o te da la enhorabuena, o te alienta por el trabajo duro. Todo el entorno esta lleno de miradas tristes o perdidas que no saben muy bien como actuar. Pero también de miradas compasivas y compañeras que saben que con un abrazo y un estar ahí bastan, gracias a todas.

No recuerdo muchas lágrimas en este camino. Pero ahora, que estarías a punto de nacer, todo revive, todo reaparece. Te echo más de menos que nunca. Me doy cuenta que al perderte con 3 meses, a nivel psicológico, todavía faltarían 6 meses para que hubieses nacido. Esos que se asoman cada noche en mi subconsciente, que me hacen estar aquí a las 5 de la mañana. Levantarme y ponerme, al fin, a escribirte mi último relato sobre tu paso por mi vida (que no el último de mis pensamientos o de mi amor por ti, que es y será infinito), tras unas cuantas horas sin dormir. Uno de los muchos desvelos de este supuesto 8º mes de embarazo. Uno de los muchos de estos días, cada noche, todas ellas, necesito ir al baño, como mínimo una vez, sueños que desconciertan, parece que todavía hay mucho subconsciente que limpiar… Pero yo sigo, con mi embarazo subliminal, sola, prácticamente en silencio, nadie me entiende y casi nadie lo sabe.
Es normal, es otra parte del duelo, un paso más, el definitivo, tu nacimiento. Me imagino que a partir de aquí serán aniversarios: de cuando te perdimos, de cuando deberías haber nacido, y suposiciones infinitas de cómo serías, la edad que tendrías, qué te gustaría… En fin…

Sentimos que eras niña. Esta vez no sólo yo. Tu tía Caro que también es tu madrina y Babi. En el momento en que te perdimos (y mucho antes en realidad) estabamos pensando en tu nombre: “Maruxa”. Es un nombre que me encanta, que me transporta a las raíces más profundas y añoradas da minha Terra, y además el único nombre de niña que existe tanto en galego como en esloveno. Por tanto tuve mucho recelo en llamarte así. Recuerdo querer preparar una cajita con tus cosas y decirle a Papi “pero que nombre le pongo. Bebé suena tan poco personal” “Maruxa” dijo él. “Nooo, ¿Maruxa?” Es como gastar el nombre en algo que no lleva a ningún sitio. Suena tan mal ahora que lo expreso… Tardé tiempo en llamarte por tu nombre, unos meses, en entender que necesito que tengas nombre, en darte la identidad que te mereces, que serás recordada, y el nombre utilizado, independientemente de que estés conmigo o no. Ha sido siempre Maruxa, mi Maruxiña querida, mi regalito del Universo.

Justamente hoy, que estamos a 11 de Noviembre, seguramente estarías en nuestros brazos. No es algo planeado, han salido las cosas así, para que acabe este relato. La fecha estimada era el 17 de Noviembre, y tus hermanos han nacido una semana antes de tal fecha. Asi que a día 11, probablemente, te tendría toda desnudita en mis bracitos, achuchándote sin parar. Enamorándome, enamorándote con cada mirada, con cada caricia, con cada arrullo, observando cada mini pedacito dee tu pequeño cuerpito, oliéndote (mmmmhhhh!)… con tantas pequeñas y sutiles cosas mágicas que pasan tras la bendición de un nacimiento respetuoso de un bebé sano a término. El poder de la mujer, el empoderamiento, la consciencia de la grandeza de parir, así, salvaje. El acto más sagrado y puro que jamás experimente. Entre nosotras ha sido distinto, a tenido mucho poder y ha sido tan especial como cualquiera, pero sigo echádote de menos. Me sigo perdiendo en mis propios pensamientos, a veces incluso en mi tristeza y en la soledad que me lleva, en la pena al ver una niñita pequeñita que revolotea a mi alrededor, entre amigos, en el parque, en el supermercado… Ahí podrías haber estado tú, junto a mí… En la mujer embarayada de lo que yo debería estar, sobre todo de la que está del tercero, como tú.

Hay momentos que los miedos me invaden, miedos ¿Irracionales? ¿Irreales? ¿locos? Tengo tan presente la maternidad. Me llama desde cada poro. Noto como la inocencia me ha abandonado, al igual que tú. Toda esa ilusión ahora está salpicada de oscuridad, de millones de ¿Y si? ¿Tendría un parto en casa ahora? ¿Tendría tiempo mi matrona? Tanta suerte en todos los partos no puede haber… ¿Me tocará ahora un parto prematuro? ¿Una cesárea? ¿Un hospital? ¿Podré tener un hijo que llegue sano a término? ¿Cómo viviré el embarazo? ¿Sería duro? ¿Lleno de miedos? ¿Cómo afectaría eso al desarrollo físico de mi bebé? ¿Y la carga emocional que pondría en él con toda esta pesadez? ¿Se la merece? ¿Estoy siendo egoista?

Las ganas de ser madre me invaden constantemente, me obsesionan, me abruman y me entristecen. Papá no quiere otro hijo, no puedo imaginarme que este sea el final, que me quede con estas ganas, y que está sea mi última experiencia con la maternidad. ¿De verdad, ésta? ¿Así van a acabar las cosas? Sé que queda tiempo, que no me tengo que desesperar, que aún queda mucha vida por delante y nunca se sabe… todo lo sé… Pero me sigues faltando, y la razón no calma mi espíritu, sólo lo cansa….

Gracias por haberme enseñado tanto, por haberme ayudado a ser mejor persona, más compasiva y a expander mi corazón. Gracias por estar ahí con mis demás ángeles, cuidándonos, guiándonos y protegiéndonos. Gracias por haber existido, y por estar. Gracias.

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