El día que decidiste nacer

By | octubre 29, 2015

El día que decidiste nacer, venir a este mundo, fue el 13 de junio del 2015.

Imagen de Rebeca Suárez

Imagen de Rebeca Suárez

Ese día se ha tatuado en mi vida, ese día cambió MI VIDA , ese día renací, dejé de ser Rebeca, para ser mamá Rebeca, sin perder mi identidad, pero siendo otra, otra mujer, me sentí más hembra que nunca.

Pasaban 13 días de la fecha prevista para el parto, los nervios estaban a flor de piel porque tú, mi niño, mi ansiado y deseado niño, no dabas señales de querer salir de la barriguita de mamá. La presión externa, los comentarios de la familia, amigos… me hacía todavía estar más nerviosa: “Ese niño no viene”, “la barriga está muy alta”, “te lo van a provocar”…. Te lo van a provocar, esta frase retumbaba en mi cabeza; no quería que nadie decidiese por ti. Tú deberías nacer el día que tenías pactado…

Y así,  un sábado de primavera lluvioso, a las 19:30, decidiste avisarme de que te disponías a nacer… Ese día, con la ayuda de Rebe, una hermosa mamá que también es terapeuta, conecté contigo, para calmar cualquier miedo, para hacerte saber que yo estaba preparada para tu nacimiento; jamás olvidaré a Rebe y siempre le estaremos agradecidos…

Después de hablar con Rebe papá y yo desnudamos nuestras almas y desvelamos nuestros miedos, nuestras inquietudes, nos sinceramos y nos abrazamos, nos fundimos en uno. Confiábamos en que todo iba a salir bien, que tú, mi niño, estabas cerca, muy cerca…

Decidí darme un baño relajante (me di cientos de baños en el embarazo, me relajaba tanto…) y ese baño desencadenaría el principio de mi parto. Después de un ratito en la bañera, empecé a sentirme incómoda tumbada. Me levanté lentamente para salir y… “¡Ay!, o eso fue una patada fuerte o eso fue… ¡UNA CONTRACCIÓN!”. Me puse un poco nerviosa pero seguí secándome y al ratito, ¡Aayyyy!, otra vez una gran sonrisa se dibujó en mi rostro y medio mojada salí del baño para decirle a papá que ya estabas preparado. ¡Ibas a nacer!. La cara de tu papá fue un poema, “¿En serio? ¿Seguro?” No paraba de decir… Cuando de repente, ¡Aayy!, otra contracción y dijo… “¡sí! Es en serio…”.

Las contracciones fueron intensas desde el principio y cada 3 minutos, pero me había estado preparando para ello durante todo el embarazo. Recordaba las pautas de mi curso de parto en movimiento que impartió Ana mi doula, gracias a ella entendí que un parto puede ser el baile más especial de tu vida. Así que comencé a bailar, a mover mi pelvis a abrir mi canal… ¡Gracias Ana!.

Pero para que engañarnos… Dolía y dolía bastante; entonces recordé lo que Carmen, mi matrona, me había enseñado… Carmen, Carmen me dio confianza desde el principio y seguridad en mi misma. “Tú estás diseñada para esto, las mujeres parimos…”. Y recordé el Taller de alternativas al dolor en el parto, de la respiración… Me concentré en mi respiración y entré en trance… ¡Estaba de parto! Avisé a Carmen y me llamó a la hora. Me dio fuerza y me tranquilizó, “¡tú puedes Rebe!”, “Si todo va bien aguanta en casa hasta que sientas la necesidad de ir al hospital”… Y así fue.

Había mujeres conectadas conmigo desde la distancia que me daban paz y fuerza, el círculo de mujeres que ayudaron en mi parto: Rebe, Carmen, Ana y Paula. Paula, mi amiga,  mi hermana, mi confidente… Paula estuvo conmigo desde la distancia todo el rato, la sentía conmigo. Estuvo todo el embarazo a mi lado, nos mimó y nos cuidó muchísimo, pero justo el día que decidiste nacer, nuestra cuki estaba trabajando lejos de casa, pero dio igual, porque jamás la habíamos sentido más cerca.

Papá no dejaba de abrazarnos y de mirarme con esa dulzura y ese amor que desprende. Dejó que yo tuviera mi espacio entre contracción y contracción pero estando presente siempre… Yo bailaba, me movía por la casa mientras mis gemidos eran cada vez más intensos… A las 1:30 de la madrugada las contracciones eran ya mucho más intensas y dolorosas y decidimos ir al hospital. El hospital me daba miedo… Mucho miedo porque yo quería parirte libre, sin cables, bailando, conectándome con mi esencia…

Sobre las 2 de la madrugada llegamos al hospital y estaba dilatada de casi 6 cm, así que fuimos directos a la sala de dilatación… Allí me bloquee. Cables, vía, poco espacio para mi danza de parto, interrupciones… Ahí se paró nuestro parto y comenzó un parto medicalizado. Yo ya había perdido el control de nuestro parto y lo cogieron ellos… Oxitocina, epidural… Pasaron  las horas y… Dilatación completa dijo aquella matrona… Pensé… “¡Bien!”, aunque no fue el parto que había soñado, estaba a punto de abrazarte hijo mío…

Tuve suerte, una dulce matrona, Laura, estuvo a mi lado después del cambio de turno; no nos dejó solos, nos motivó y nos ayudó, a  ti a nacer y a mí a renacer… Fue duro… No nos engañemos: horas de expulsivo y desgarros importantes, pero… ¡Habías llegado! . Un hermoso niño salía de mis entrañas a las 13:12, de mi útero sagrado que te dio cobijo durante 9 meses. Y ahí, en ese mismo, sucedió el milagro de la vida. Nacía un nuevo ser, nacías tú, hijo mío, nacía Mael.

No puedo describir ese momento con otra palabra que no sea éxtasis; todo se paró, dejé de escuchar, sólo podía verte, no pestañeé ni una sola vez… Dejé de escuchar a papá, que lloraba de emoción y agarraba mi mano. Sólo quería olerte, tocarte, amarte…

Te posaron sobre mi pecho, dulce bebé, y ahí, en ese instante, comprendí lo que era el amor incondicional, el amor puro como, puro es tu ser.

Gracias Rebeca, gracias por hacernos formar parte de este maravilloso relato del nacimiento de Mael.

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