Un embarazo que fue una pérdida gestacional temprana

By | septiembre 10, 2015

Las pérdidas gestacionales durante el primer trimestre son un tabú.  En realidad, todas las pérdidas son un tabú, las del primer trimestre, las del segundo y las del tercero, pero quizá las “tempranas” mas aún.  Os dejamos la primera parte del relato de una mujer que perdió a su bebé con pocas semanas de embarazo.  

-El descubrimiento de tu llegada-

 cropped-Esfera-blanca.jpg            Entre mediados y finales de febrero te sentía intensamente dentro de mí. Debía estar embarazada de unas 3 semanas (5 para las cuentas de los ginecólogos). Me hice la prueba un lunes, y durante todo ese fin de semana estaba segura de que ya estabas con nosotros. Parece increible, pero sentia tu peso dentro de mí al estar tumbada de lado en la cama, sobre todo al girarme hacia el otro lado. Una sensación que ya había sentido antes… !Estando embarazada de tus hermanos de 7 meses! Desde el principio estaba clara la fuerza que crecía en ti.

Así que tras llevar a Jernej a la guarde me fui directa a la farmacia, me compré una prueba de embarazo y me fui corriendo para casa. Me hice la prueba al momento, las líneas se marcaban suaves y lentamente, pero ahi estaban. Las dos. !La confirmación de que no estaba loca! Era tal la magnitud de tu presencia, que no podía ser de otra manera.

            Tardé nada en ir con Martinho a buscar a tu padre. Estábamos preparando una nueva plantación de manzanas y había mucho trabajo por hacer. Justo estábamos plantando los árboles, así que tu padre estaba cavando agujeros. Al llegar, medio corriendo medio a saltitos, le dije “¿Quiéres que te diga un truco para cavar más rápido?” “¿Cuál?” Me dijo. “!Qué estoy embarazada!”

Sí, el shock y el estrés inicial de otro bebé que en menos de 8 meses estaría con nosotros es algo que Papi necesitaba procesar haciendo algunos hoyos más. “¿Pero no dijimos que íbamos a esperar un poco más?” “Bueno, se ve que no”, le dije feliz. Estaba entusiasmada con tu llegada, si, claro, algo abrumada, tres hijos en cuatro años y tres meses, (3 embarazos en 3 años y medio) pero otro ratoncito fruto de nuestro amor. !Me sentía flotando de alegría como si fuese el primero!

            Desde el mismo campo, sujetando los árboles que tu padre plantaba, y mientras Martinho destrozaba alguna cosa que encontraba, yo llamaba a la matrona para concretar las fechas del parto en casa cuanto antes (!no podía ser de otra manera!). Según Úrsula tu fecha estimada de parto sería el 14 de Noviembre. Más adelante tendría clarísimo que eras escorpio. Toda la energía que me transmitías. Siempre suelo reconocer alguno de los rasgos de vuestra personalidad en mi comportamiento durante el embarazo. Soy consciente de que alguna de mis reacciones no es propia de mi persona, sino de la pureza de vuestro ser. Y tú, no eras menos. Los grandes miedos, la intución, la fuerza. Escorpiona seguro.

            Tras colgar la llamada con Úrsula llamé al hospital para concretar una cita con Macun. Estaba de vacaciones, pero yo no quise esperar porque no recordaba la fecha de mi última regla, aunque sí sabía el día de la concepción (!O eso creía yo!). Solicité que me atendiera otro gine para asegurar el desarrollo embrionario y así no tener problemas para concretar la fecha. Sin problema.

Al llegar al gine, !qué sorpresa! Estoy de menos de lo que creía. “¿Pero cómo?”; “¿Estás segura que no pudo ser después?” Me preguntó la gine. “Pues no sé”, me bloqueé. “Bueno, pues vuelve en un par de semanas. Estás de casi 6”.

Llego a casa y se lo comento a tu padre. A él no le costó nada recordar dónde había estado. “Ah, sí, pues estabas en un congreso en Bilbao”. Vale, por un momento la coña valió. Pero ya estaba. Obviamene la gine se había equivocado, y había que echar cuentas. “Te acuerdas de…”, “Lo hicimos cuando…”. Vale, cálculos hechos. Todo en orden. Fecha estimada 17 de Noviembre.

Me encontraba tan bien, te sentía tan presente, todo era tan idílico e inesperado que lo propagué a los cuatro vientos. Jernej estaba feliz. !Iba a tener una hermanita! “Pero cómo tiene tan claro que va a ser una hermanita, le dijiste tú algo?” “¿Yo? ¿Cómo? si no sé lo que va a ser Yo siento que es una niña, pero no sé si es mi intuición o mis ganas. !Pero Jernej lo tiene clarísimo! Y no le lleves la contraria..” “Mami, cuando la hermanita salga por la parrochiña, !Vamos a ver dibujos!” “Mami, cuando la hermanita salga vamos a jugar” “¿Pero Mami, cuando viene?” Me acariciaba la barriga y te mandaba besitos. Jernej sí que te tenía muy presente.

            Fueron pasando los días y todo empezó a cambiar. Me sentía súper mal. Llegadas las 4 o 5 de la tarde me moría del cansancio, me ponía verde o blanca (según Papi) y necesitaba tumbarme. Con el tiempo entendí que necesitaba descansar y no lo hacía si no me encontraba así de mal. El sol y el calor eran insoportables. Si me daba el sol, me subía la fiebre !A mí, qué no tengo nunca! Me pasaba las tardes de 7 a 9 tiritando y con temblores, y antes con sofocos. Me sentía tan mal que empezaba a preocuparme de que la cosa fuese bien.

            Casi no comía, todo me daba ganas de vomitar, no me apetecía nada, !sólo ensalada! Y mira que es raro porque en todos los embarazos !Me vuelvo súper carnívora! “En fin, será lo que necesitaré. Lo que necesitaremos”.

            Igual que mi cuerpo físicamente empezaba a cambiar y a dejar bien claro mi embarazo. Mi personalidad también. Empezaba a sentir cosas que no reconocía como mías. Eran tuyas. Era tal la fuerza en ti que las empecé a sentir súper pronto (igual porque no había más tiempo…) Pero es interesante como estabas muy presente en alguna de las personas de mi entorno. Nina me dijo “Espero que todo salga bien” La verdad es que le salió del alma, y hasta nos reímos de su pesimismo. Tu tía Caro lo había intuido el mismo fin de semana que me hice la prueba. Es tu madrina, y también tenía claro que eras una niña. Babi también te tenía súper presente, y me decía constantemente que me encontraba así de mal porque eras una niña. La pobre, también lo pasó mal.

            Llego el desayuno familiar de Semana Santa. Como es tradición, nos fuimos todos a casa de Babi y Dedi a desayunar en familia. Tuvimos relaciones antes de ir, y de repente me sorprendí con un ligero sangrado. Nunca me había pasado antes, y curiosamente por algo no tenía ganas…

“Debería ir al hospital o espero hasta el martes que tengo revisión? Definitivamente me voy hoy. Es domingo de Pascua, seguro que no hay nadie” Así fue, nadie, nadie que me tuve que poner a buscar al personal abriendo literalmente puerta por puerta hasta que encontré a !!mi ginecóloga!! Estaba de suerte, la ginecóloga en la que más confiaba estaba de guardia y me iba a atender.

“No hay hematomas. Hay latido. Todo está bien. Estás de 7+5. Fecha estimada 17 de Noviembre.” “Confirmado”, pensé yo, “el cumpleaños de Filip”. “¿Pero es normal que me encuentre tan mal? Nunca antes me había sentido así en los anteriores embarazos. Es súper fuerte”. “Sí. Lo es. Mis hijos me doblaron durante todo el embarazo. Los dos” dijo Eva.

Pasaron los días y yo seguía encontrándose igual de mal !Eso no era mal, era fatal! Los miedos ¿o sería la intuición? Me acompañaban cada día más. ¿Deberé dar a luz en casa esta vez? Tengo la sensanción de que algo malo va a pasar. Un miedo muy profunzo tuvo que invadirme para llegar a hacer temblar esos pilares tan sólidos. Será miedo.

El 22 de abril tenía revisión. “Uy, qué raro, en la semana 10 ¿Y por qué no en la 12 como debería de ser? Que raro, ni me di cuenta cuando me dio la cita”. Llego. Me mandan a hacer análisis de sagre, ¿y no de orina? Jolin, con lo mal que me encuentro me quedaría más tranquila si me hiciesen las dos.

Se esfuma...“Estás perfecta. Ahora vamos con la eco”. “!Mhhh!” Exclamó la gine. Eso m hizo centrarme. Sabía lo que significaba. Miré fijamente la pantalla, y ya lo entendí. Ahí estabas, flotando como en un mar a la deriba, con las manitas unidas, sin moverte, sin vida, sin latido. Suelen tener que mover mucho el aparatito porque entre el bebé y el líquido, hay mucho movimiento, pero no está vez. Todo estaba en calma. Silencio. Soledad.


¿Qué pasa? Dije. “Parece que no hay latido. Vamos a hacer una eco vaginal para verlo mejor.” “!Sí, claro!”. Desnuda de piernas para abajo en una camilla normal a la que hay que ponerle un cojín bastante alto en mi lumbar para girar la pelvis. Introduce el tubo. Lo mismo. Empiezo a vibrar, no me puedo aguantar los sollozos, y eso son como turbulencias para hacer la eco. En una respiración profunda la gine consigue congelar el momento. La foto. Mi niña. Ahí está, quietecita.

“¿Puede nacer en casa?” Dije llorando…

 

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