Mi vida y cómo una matrona consiguió cambiarla

By | octubre 16, 2014

Supongo que esta historia ya la habréis leído muchos de vosotros, pero su autora ha querido que su testimonio quede reflejado tambien en nuestro blog, así que, para los que no lo hayáis leído, ahí va su historia.

Hace días que estoy deseando escribir esto. Incluso me hubiera gustado escribirlo el mismo día en que se me ocurrió hacerlo, porque la mezcla de sensaciones que invadían mi cuerpo eran las perfectas para plasmar lo que quería contar al mundo, a las mujeres.

Tengo 26 años y las cosas muy claras. Siempre fui una tía «echada pa´lante», con ganas de comerme el mundo. Pero hace tiempo que no es así.
Hace tiempo, exactamente catorce meses que me siento pequeñita, que no consigo arrancar, que no consigo arrancarme una pena que tengo dentro…
Tuve un embarazo muy duro pero del que disfruté hasta el último momento. Tenía ganas de parir, ilusionada de que llegara el momento disfrutaba de las últimas patadas en mi tripa. Muchas de las mamás que acudían conmigo a las clases preparto estaban nerviosas por la llegada del día, menos yo. Yo quería parir y no quería la típica horita corta. Quería vivir el momento, los dolores, traer al mundo a mi bebé. Estaba tranquila, sosegada, poco impaciente. No quería perderme nada. Y me lo perdí todo. 

Por un cúmulo de circunstancias, mi parto fue una verdadera mierd*. Nada de lo que quería. Con violencia obstétrica, violencia de género. 
Mi parto medicalizado acabó durante mucho tiempo con mi sexualidad. Con mi vida marital.Con mi confianza de mujer y con esa fuerza femenina que yo tenía. Un desgarro de tercer grado, provocado por una ginecóloga que seguramente estará disfrutando en su casa de su marido, me fastidió la vida literalmente. 

Tras catorce meses de dolores insoportables en mi vagina, a causa de ese desgarro+ episiotomía, sin poder tener relaciones placenteras, sin poder siquiera a veces toser con un catarro, decidí acudir al profesional adecuado: la matrona.

Imagen de internet

Imagen de internet

La matrona de mi centro de salud es maravillosa, pero es una persona maravillosa y saturada de trabajo, asi que al igual que pagamos cuando estamos embarazadas 80 ecografías en un ginecólogo privado, decidí pagarme una matrona para que me valorase. Tengo que decir que tenía pocas esperanzas, pero sabía que al menos me iba a escuchar, a entender, podría hablar de mi parto, de mi injusticia y sería abrazada entre mujeres.Tengo que decir también, que la primera valoración del suelo pélvico fue gratuíta, ya que iba a comenzar un taller para ejercitar el suelo pélvico en su consulta

Llegué y nos presentamos. Carmen, sonriente y emanando energía positiva me escuchó. Me escuchó y me dio la razón. La razón en mi injusticia, porque la gente, la sociedad no es consciente de lo mal que se hacen las cosas en los hospitales, porque la mayoría de las veces el bebé y la mamá están bien… a si? y eso quien lo dice? Que no nos hayamos muerto señores, no quiere decir que estemos bien. Tanto yo como mi hijo hemos sufrido mucho, mucho.

Llegado el momento me preguntó si quería que me explorara y valoramos el tono, ya que como antes mencioné, me dolía al toser. 

Me dice que el tono está medianamente bien, nada fuera de lo normal, pero a mi me duele, me duele un montón, el solo hecho de introducir los dedos, aunque con todo el cariño del mundo, fue doloroso.

Carmen me mira y me dice que podemos intentar una opción. Una terapia que ella aprendió en Barcelona y que cree que puede ser determinante para mi recuperación, y que lógicamente solo intentaríamos si yo quería. Esta terapia se llama Terapia Neural y consiste en inyectar anestésico en determinados puntos, en este caso de las cicatrices para que las células se «reseteen» y vuelvan a vivir desde cero (explicado a mi manera) . Carmen me comenta que es sumamente útil también para cicatrices dolorosas de cesáreas,por si a alguna mamá más le interesa. Puedes leer más AQUÍ.

Al principio estaba muy convencida de hacerlo, pero cada vez que se acercaba el día estaba más asustada.Me aterraba la idea de que me pincharan la vagina, ya no solo por lo que implica que te pinchen tus partes más íntimas, sino por la fobia que adquirí después del parto a que NADIE me tocase ahí…
Llegó el día y los nervios a flor de piel. Fue cómo enfrentarme a mis propios miedos. A ver de frente lo que no quería ver. 
Carmen, como siempre con su energía consiguió tranquilizarme, y junto con la ayuda de Marta, su otra parte y comadrona también, hizo un trabajo genial. Respiramos juntas, de la mano…

Charlamos un rato sobre lo injusto de lo que me había pasado y algunas cosas más…. Me fuí a casa y esperé un par de días, hasta que estuve preparada….
Entonces, con el cariño y ayuda de mi otra mitad lo intentamos juntos…
Todo fue perfecto, cómo lo era un año antes… No podía creerlo. Ni un dolor, tal vez, si soy «tiquismiquis», una ligera molestia al principio…
Respiré y sentí que quizás podría volver a ser yo misma…

Durante algunos días tuve ganas de llorar, y lloré. Me desahogué. Me vi a mi misma y supe que jamás volvería a ser la misma. Lo acepté y pensé que eso estaba bien, que no debería volver a ser así. Que claro que no soy la misma! Ya no soy aquella chica desinformada que decidió dejar sus decisiones en manos del personal sanitario. No. Ya no soy esa. Ahora soy madre, una madre informada. Que sabe lo que quiere y que necesita sanar!Y con una bonita cicatriz que me recuerda el nacimiento de mi hijo y que tantas y tantas cosas aportó a mi vida… que tanto me enseñó! Con la ayuda de Carmen, una auténtica comadrona, sané mi herida física, para ser el comienzo así de la sanación de la otra herida, la que más duele. 

Sé que pasará el tiempo, y ahora veo las cosas de otra manera. Ahora sabré cuando es el momento de tener otro bebé. Otro bebé al que sabré darle un nacimiento digno. Un bebé que estoy segura de que me ayudará a terminar de cerrar una etapa, y todo ello gracias a su hermano mayor. 

Esta es mi historia, la historia de una mamá a la que una matrona ayudó a recuperar parte de su identidad,  una parte fundamental de su vida, la sexualidad, la confianza, el placer…
Porque las matronas no están para traer bebé al mundo, regañarte porque has subido mucho de peso, o tomarte la tensión durante el embarazo. 
Las matronas están para ayudarte y acompañarte desde la primera regla hasta que ésta decida irse. Para acompañarte durante el embarazo, el parto o ayudar a planificar el encargo a la cigüeña de un nuevo bebé. 
Si tu matrona no es así, no tiene empatía, búscate otra, al igual que cuando un ginecólogo o un dentista no te gusta lo haces. 

Para mi, tanto la matrona que me acompañó durante el embarazo como Carmen, ocupan ya un lugar para siempre en mis recuerdos. 

Gracias Carmen! Gracias Marta! Formáis un equipo genial! 

Gracias a tí Diana por unas palabras tan bonitas, y creo que hablo de parte de todas las matronas.

One thought on “Mi vida y cómo una matrona consiguió cambiarla

  1. Matronaonline

    «Si tu matrona no es así, no tiene empatía, búscate otra, al igual que cuando un ginecólogo o un dentista no te gusta lo haces.» completamente de acuerdo, como usuarias, merecemos el mejor trato posible, en todos los campos.
    Felicidades matronas, por mejorar la vida de esta mujer 🙂

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