Duelo de una matrona

By | marzo 6, 2017

Hace unos días compartíamos una carta para Mai.  Sabemos que cuando muere un bebé es relativamente fácil entender las emociones y el dolor de los padres; es un duelo “estudiado”  aunque se silencie, pero pocas veces se sabe cual es el proceso de duelo que viven las matronas sobre todo cuando la relación es tan cercana como lo es con la familia de Mai.  

Así, un año después, seguir acompañando nacimientos no era fácil y Marta volvió a escribir a Mai en marzo de 2016.

Hola Mai. Te escribo por segunda vez… Tu madre me animó a hacerlo para despedirme de ti, para que dejes de venir conmigo a los partos, para soltar lo negativo y los miedos y quedarnos sólo con lo bueno.

Desde tu nacimiento he pensado recurrentemente en ti, casi en cada parto, pero sobretodo en los que empezaban con bolsa rota… Se acercaba la fecha en la que se cumplía un año de tu nacimiento. Durante toda esa semana me rondabas, y llevaba mis cálculos de que como 2016 es un año bisiesto, todo se adelantaba un día. El día 1 era el día 2 que habías roto la bolsa y dejado salir tu cordón y la madrugada del 2 era el día 3 en el que habías nacido. Todo igual, pero 365 días después en lugar de 366.

Y el día 1 de marzo una madre se puso de parto y tu no te fuiste de mi cabeza, no te fuiste de mi lado. Y yo llegué al domicilio y me mantuve retirada, con una energía “fea”, con un “no querer tocar a esa madre ni a ese bebé” porque estaba re-viviendo la noche de un año antes. Y cuando esa madre que estaba de parto salió de la bañera y algo colgaba entre sus piernas yo sólo pensé “es el cordón”, pero era el tapón mucoso grande y elástico. Y cuando esa niña nació a las 23:37, yo sólo pensaba que a las 23:41 tu padre había llamado diciendo que os ibais al hospital. Y mientras lloraba de emoción y miedo, esa niña que lloró al nacer se puso pálida y perdió fuerza, y hubo que aspirarla y estimularla y yo sólo te veía a ti… Y cuando esa niña ya mamaba plácidamente en los brazos de su madre, yo seguía pensando en ti. Y cuando esa madre estaba feliz de haber conseguido parir tras una cesárea yo pensaba en la cesárea de tu madre. Y cuando salimos de la casa de aquella familia feliz yo estaba diciéndole a tu madre que habías nacido muerta. Al día siguiente mi cuerpo estaba dolorido, no era capaz de dejar de llorar, sólo quería estar en mi habitación, con la luz apagada… justo como un año antes. El cuerpo tiene memoria.

Querida Mai. No tengas miedo de que te olvide, créeme que siempre estarás conmigo; pero tal como tu madre me ha sugerido, te pido distancia. Tenemos que despedirnos.

Yo te recodaré siempre, iré junto a ti cada 3 de marzo, tienes ya un hueco en mi vida, pero no vengas sin pedir permiso, ven cuando pueda recordarte y llorarte en calma, cuando yo te llame. Cuando pueda estar sólo para ti.

Déjame recibir a otros bebés sin miedo, con la alegría que merecen. Déjame preservar la inocencia de cada nacimiento. Déjame recuperar la confianza.  

Seguimos recordando el 3 de marzo de 2015, pero con la serenidad que da el paso del tiempo, con menos miedo, con más confianza.

 

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