Parto vaginal después de cesárea: ¡SÍ es posible!

By | octubre 5, 2016
Fotografía David Cabezón

Fotografía David Cabezón

Este es el testimonio de una gran madre y mujer, que quiso sanar el nacimiento de su primer hijo, intentando un parto vaginal después de cesárea.

Creo que todas las mujeres cuando están embarazadas sueñan con el momento de su parto y cómo serán esas primeras horas en las que tengan a su bebé en los brazos. Para muchas ese momento es uno de los más maravillosos de su vida, para otras uno de los más dolorosos; pero con toda seguridad para todas nosotras ese momento, ya sea maravilloso o doloroso, queda grabado en nuestra memoria para siempre.

Mi primer hijo tuvo la mala suerte de tener una madre muy asustada, que llegó al hospital cuando todavía no había comenzado el trabajo de parto, que se dejó tumbar boca arriba y monitorizar, que se dejó administrar tranquilizantes, epidural y oxitocina, que se dejó romper la bolsa y hacer innumerables tactos, y que en cuanto le dijeron que los valores en el monitor no eran de sobresaliente se dejó practicar una cesárea que le provocó un problema pulmonar y le mantuvo separado de su madre e ingresado en la UCI neonatal durante los seis primeros días de vida. Si a cualquiera de nosotros nos dejasen elegir el modo de nacer, creo que ni un solo ser humano elegiría esta manera.

Por eso, y tras un puerperio complicado, tuve claro que si tenía otro hijo su nacimiento tenía que ser muy diferente, aún no sabía cómo, pero tenía que ser diferente. Empecé a leer sobre cesáreas y separaciones al nacer, sobre la importancia del contacto piel con piel, sobre partos, sobre el dolor… y tras sopesar diferentes opciones decidí, con el apoyo incondicional de mi pareja, que nuestra segunda hija nacería en su casa, el lugar donde (casi) todos decidiríamos llegar y marcharnos de este mundo.

Para que fuese así necesitaba buscar a las matronas adecuadas, que nos dieran la información, el apoyo, la seguridad y la confianza que necesitaba… y tuve la inmensa suerte de encontrarlas. Allí estaban ellas, Marta y Carmen, en una charla para un grupo de apoyo a la lactancia al que yo asistía, sin saber ni ellas ni yo que el destino uniría nuestros caminos dos años después.

Aparte del seguimiento de los últimos meses de embarazo, nos ofrecieron una preparación extraordinaria, especialmente pensada para afrontar el momento del parto como un momento más de tu vida sexual, y viendo el dolor como algo natural y necesario que nos indica cómo proceder de una manera instintiva y que se puede aliviar sin recurrir a la anestesia. En definitiva, todo lo que necesitas saber tanto si quieres parir en casa como si quieres parir en el hospital.

Lo cierto es que a medida que el parto se acercaba, cada día que pasaba confiaba más en ellas y estaba más segura de que había tomado la decisión adecuada. Estaré eternamente agradecida a las pocas personas que conocían esta decisión, entre ellos mis padres, porque nunca me juzgaron, siempre me respetaron y en todo momento estuvieron a mi lado.

Y casi sin darme cuenta, llegó el gran día. Me levanté e hice algunos recados. Me sentía muy pesada y me costaba caminar, pero acababa de cumplir la semana cuarenta y pensaba que todavía podían pasar unos días hasta ponerme de parto. A la hora de comer empezaron las contracciones, y me resistía a creer que mi bebé estaba a punto de nacer, pensaba que serían contracciones pasajeras, pero no, cada vez eran más seguidas y más intensas, ya no había marcha atrás… ¡estaba de parto! Llegó un momento en que ya no era capaz de coger el teléfono. Había estado informando a las matronas de cómo iba avanzando todo, y en ese momento decidimos pedirles que vinieran.

Me metí en la bañera, lo que alivió mucho el dolor de las contracciones, y en cuanto aparecieron ellas perdí el miedo. Íbamos buscando diferentes posiciones que aliviasen el dolor y me ayudasen a aprovechar las contracciones para empujar con todas mis fuerzas. Después de algunas horas empezamos a ver asomar la cabecita, pero parecía que el momento no llegaba… Y cuando sentí ese “Ya no puedo más” del que todos hablan, encontramos finalmente la postura que mi bebé necesitaba para salir. Fueron cinco o seis contracciones más, menos dolorosas que las anteriores, y tras sentir la sensación de quemazón del aro de fuego -que me resultó mucho más breve de lo que imaginaba-, justo antes de acabar el día nació Teresa, en el calor de su hogar, y arropada por el amor de su familia.

Carmen y Marta, creo que nunca podré agradeceros lo suficiente todo el cariño, el respeto y la profesionalidad con que nos tratasteis en un momento tan importante de nuestras vidas. Gracias a vosotras he curado la herida profunda que tenía en el alma y gracias a vosotras podré contarle a mi hija en primera persona que cuando llegue su momento sabrá parir, que su cuerpo está preparado para ello, que otra forma de nacer es posible.

Gracias por tus palabras Isabel, no hemos podido reprimir las lágrimas, y esperamos que poco a poco, despues de nacimientos en casa o en el hospital, haya muchísimas madres que puedan transmitir a sus hijas que, cuando llegue el momento, “sabrán parir”. 

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