Nacimiento en casa de Anxo

By | septiembre 16, 2016

Parto en casaHoy Diana nos ha hecho llegar su recuerdo del nacimiento de Anxo en casa.  Conocíamos la historia del nacimiento de Campio, el dolor que le había producido y cuánto necesitaba que este parto fuese diferente… Que fuese así, como fue, natural y normal, sin romper la continuidad que da el hogar para los momentos íntimos, pero permitiendo nuestra entrada para presenciar ese momento mágico.

 

Esta historia tengo que comenzarla desde el principio, hace exactamente 4 años.

En septiembre del 2012 recibí la noticia de que estaba embarazada de Campio. Desde ese momento empecé a investigar y a querer saberlo todo sobre el embarazo y el parto. De golpe, empezaron a entrame todos los miedos al ver las cifras de cesáreas y episiotomías que tenían en los hospitales cercanos…. ¿cómo podía ser? A caso el cuerpo de una mujer no sabe parir… Me preparé mucho, pero realmente el miedo nunca se fue. Quise presentar un plan de parto, pero todo el mundo me decía que no tenía que decirle a los médicos cómo hacer su trabajo, tenía que confiar en ellos.

Confié, y todo lo que no quería pasó… A pesar del buen hacer de las matronas que ese día me acompañaron en el parto todo se vio empañado por las malas caras, prisas y malas palabras de una ginecóloga. Tuve un desgarro de tercer grado del que tardé 13 meses en recuperarme, un parto y nacimiento traumático para mi hijo, justo todo lo que no deseaba ni para él ni para mi.

Gracias a Campio, a su nacimiento, su hermano Anxo y yo pudimos experimentar el mejor momento de nuestras vidas exactamente 3 años y 1 mes más tarde.

Después de nuestra boda, recibimos la noticia de que estaba de nuevo embarazada. Tenía claro que al menos dilataría en casa. Llevaba 3 años de lecturas, información, opiniones y sobre todo, reencuentro con mi cuerpo. Confiaba plenamente en que mi cuerpo sabía parir… En contra de todo tenía pensado plasmar en el plan de parto mis preferencias. Tenía claro que técnicas permitiría y cuales no bajo ningún concepto. Llegó la visita de las 12 semanas y ahí estaba ella, la misma, con sus aires de grandeza, sin mirarme a la cara de nuevo. Tuve la oportunidad de hablar con ella y decirle que había tenido una muy mala experiencia. No le importó, ni siquiera lamentó que yo tuviera un recuerdo tan amargo del parto. Cuando yo comenté que esta vez me gustaría parir sin epidural, su respuesta fue: Pues ya verás cuando te haga la episiotomía… En ese momento creo que fue cuando terminé de decidir que a no ser que mi vida o la de mi hijo corriese peligro, ese no era un lugar seguro para nosotros.

Tuve que luchar muchos miedos, míos, propios en mi mochila llena de tantos años de patriarcado, y ajenos. Mi pareja se cerró en banda, pero después de muchas charlas y llantos y la charla con nuestras matronas cambiaría de opinión y pudimos resolver juntos todas nuestras dudas y miedos. Decidimos juntos que nos dejaríamos llevar a lo que pasara.

Una mañana de viernes decidí que ese día tenía que llevar a la playa a mi mayor. Algo dentro de mi me decía que tenía que despedirme de mi niño, juntos, asi que nos fuimos a la playa a pasar la tarde. A pesar de que no bebo alcohol, me pedí una clara de limón que me apetecía muchísimo, y bromeo con mi mejor amigo sobre que el día que me puse de parto de Campio también me bebí una. Esa noche salimos a cenar en familia y nos fuimos a dormir con la barriga llena y pudimos descansar genial.

Me levanté por la mañana, todos en la cama menos yo y sobre las 9 y media empiezo a notar las primeras contracciones, muy muy suaves. Sonreía, sabía que el momento había llegado y me puse a limpiar, ordenar los últimos detalles. Sobre las 10.30 desperté a mi marido para que me ayudara… con calma lo hicimos todo. Me bañé con mi hijo y nos fuimos entre contracciones dispares a ver una exhibición de patinaje de mi ahijada y primos, no podía faltar. Eran las 12, y estando sentada empezaban a molestarme bastante. Mi mente me decía que hasta el lunes no pariría, pero realmente sabía que el momento estaba cerca. Era como si no quisiera hacerme ilusiones y me pusiese en el peor de los casos: un preparto muy largo y un parto aun más largo. Llamo a mi marido y nos vamos a comer con mis padres y mis abuelos. Voy conduciendo y me pregunta que tal voy , ya tengo contracciones cada 5 minutos. Tengo hambre y comemos! Sobre las 3 subimos para casa, pongo a dormir a Campio y le doy teta… en ese momento ya necesito encerrarme en el baño…

A partir de ahí pierdo la noción del tiempo. Las contracciones no son rítmicas pero siento que duran muchísimo. A pesar de que son bastante dolorosas, pienso que pueden doler mucho más así que decido estar ahí en el baño. De pronto miro el reloj y ya son las 4 y media. Voy cantando con un aaaaaaaaaaahhhh muy grave cada contracción. Me ayuda a echar fuera el dolor. Le digo a mi marido que despierte a Campio, que quiero que se vaya con mi padre ya que si lo dejo dormir más quizás por la noche no consigan dormirlo en caso de que me tenga que ir al hospital. Entre contracciones acabo de acomodar su mochilita. Se despierta y viene… me pregunta por qué hago así y le explico que estoy llamando al bebé para que salga, ya va a venir pronto así que decide acompañarme cantando aaaaaaaahhhh en cada contracción y me trae según él “agua con apiretal”.

Sobre las 17.30 llega mi padre, salgo del baño a saludar poniendo mi mejor cara. Me doy cuenta de que ya no puedo estar mucho rato hablando. No sé cada cuanto vienen, no miro el reloj, pero en el momento en que mi niño y mi padre salen por la puerta todo se dispara. Me encierro en el baño y me siento completamente drogada, solo quiero silencio y oscuridad. No quiero hablar. De golpe me sorprendo de rodillas con el cuerpo sobre la pelota de pilates y sin bragas. No sé en que momento me desnudé ni cuando me puse así. No podía estar de otra manera. Mi marido me convenció para ir al salón, y le dije que llamase ya a las matronas. Desde que se fueron ellos, todo cambió de intensidad. De repente era todo más bestial, más potente y no podía cambiar de postura ni andar. En cada contracción movía muchísimo la cadera en círculos y arriba y abajo. Campio papá me puso una manta bajo las rodillas y ahí nos quedamos, solos, en silencio y a oscuras.

No sé cuánto tiempo pasó pero calculo que una hora que yo recuerdo como si fuesen 10 minutos. Viene una contracción larguísima y le pregunto que dónde están las matronas. Él le había dicho que viniesen con calma, que no creía que fuese para ya. Cuando llegaron me preguntaron cómo me encontraba, y yo les respondí que tenía ganas de llorar. Les dije que si tenía que estar así 2 días, no podría hacerlo. Que ya me dolía mucho, que no podía más. Carmen me dio un beso y apretaba mis caderas en cada contracción. Me dicen que se van a cambiar y vuelven. Mi marido les pregunta si no me van a explorar para ver de cuantos centímetros estoy; ellas responden que no hace falta, intuyen que estoy en completa. Campio me agarraba la mano en cada contracción, el dolor era brutal y yo me dejaba llevar completamente. En la siguiente contracción mientras ellas se cambiaban, rompía la bolsa y me sorprendí empujando fuerte fuerte fuerte.No podía creerlo… en ese momento mi cuerpo de llenó de felicidad. Lo había hecho, yo sola hasta aquí tal y como lo había soñado.  Las llamamos. Las aguas eran claras.

Desde ese momento grito que no puedo más en cada contracción. Realmente sé que estoy pudiendo y lo hago, pero fue la frase que elegí para acompañar toda la fuerza que mi cuerpo estaba haciendo.

Empecé a notar el aro de fuego, y fue para mi la peor sensación que sentí. Me quemaba muchísimo y sentí que era eterna…

Poco después asomó la cabeza de Anxo, y un miedo…. Un miedo injusto que nunca debía haber sentido pero que formaba parte de mi mochila me invadió. Tenía miedo a un desgarro, a un gran desgarro y volver a sufrir… no quería volver a pasar por lo mismo y le pido a Carmen que me ayuden. Sentía que el clítoris se iba a desgarrar… tantos miedos que se agolparon en un solo minuto. El cuerpecito de Anxo sale 3 minutos más tarde que la cabeza, exactamente a las 18.59 minutos de una preciosa tarde de sábado.

Todos nos emocionamos muchísimo. Yo no sabía qué hora era , ni cuánto tiempo había pasado, pero ya todo daba igual. Había cumplido mi sueño, de parir rodeada de amor y calma y había pasado en casa! En nuestro hogar! Qué mejor sitio para nacer?

Lloré mucho, de emoción, abracé a Carmen a Marta a mi marido! Gracias, gracias a los tres, fuisteis un gran equipo, sin vuestros ánimos todo hubiese sido diferente, quizás un poco más difícil.

La placenta tarda unos 45 minutos en desprenderse. Hay una pequeña hemorragia que Marta y Carmen hacen cesar sin problema. Me ducho y hago pis. El bebé ya mamó hace rato y sigue mamando. Llega mi madre…. Nos emocionamos mucho, ella me entendía. Llegan mis abuelos, nunca me cuestionaron, nunca un mal comentario a mi decisión… y por último y más importante, llega mi niño de la playa… me volvía emocionar, estaba nervioso, sonriente, miraba a su hermano, lo tocaba, no paraba de enseñarle cosas, todo lo que había preparado para él, la cuna que le había montados, sus juguetes…. Qué momento!

Parto en casa de Anxo

Cenamos Campio papá, mi padre, Marta y Carmen, Minicampio y por supuesto yo con Anxo en brazos, y nos fuimos a la cama, así tan normal, como cualquier otro día pero con Anxo ya fuera del útero.

Gracias Marta y Carmen por recordarme que podía cuando mis fuerzas empezaban a flaquear. A mi marido, mi apoyo, gracias por respetar mi decisión.

Gracias Campio, por cambiar a Mamá para siempre.

Gracias Anxo, por sanar el corazón de mamá.

Aquí seguimos, anidando exactamente 3 meses y 12 días después. Mi casa aun huele a oxitocina. De la buena, de la del amor.

 

 

One thought on “Nacimiento en casa de Anxo

  1. Diana

    Bellísima historia.
    Yo quiero tener un parto en casa. Llevo todo el embarazo informándome y solo espero que llegue el dia y pueda hacerlo tranquilamente en casa.?

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