Mi frustrado parto en casa…

By | agosto 21, 2015
Amor en estado puro

Amor en estado puro

Hace ya un mes de mi frustrado parto en casa,  y es increíble ver cómo los detalles se van borrando poco a poco y sólo queda grabado una idea global del parto, pero intentaré recopilar mis recuerdos del nacimiento de mi hijo.

Soy matrona y atiendo partos en casa porque creo que es la mejor opción para las mujeres y sus bebés.

Cuando me quedé embarazada, no me podía plantear otra cosa. Estaba feliz, por fin iba a poder experimentarlo en mi propio cuerpo, quería pasar el embarazo, sentirlo todo, y parir. Queríamos que nuestro hijo naciese en nuestra casa, con la única presencia de sus padres y sus dos matronas, mi amiga y compañera en esta locura de Luna de Brigantia, Marta, y mi amiga, Eva.

Sabía que iba a ser un momento duro, intenso, poderoso e irrepetible, y realmente, así fue, aunque las cosas no salieron exactamente como lo habíamos planeado.

Pasé un embarazo muy feliz, una época preciosa para mi pareja, David, y para mí. Me sentía pletórica y conectada desde el primer momento con mi bebé, Teo. Pasaron las semanas y llegamos a término. En el hospital de referencia, te inducen en la semana 41, así que esperaba de corazón, no tener que llegar a ella.

David y yo hicimos todo lo que estaba en nuestras manos para no llegar a ese control, pero el día llegó y la persona que me recibió fue bastante respetuosa. Me preguntó si conocía los riesgos y le respondí que conocía los riesgos de no inducirme y también los beneficios, y por eso había tomado mi decisión. Tendría que volver a los 3 días para un nuevo control.

Esa misma noche empezaron las contracciones. Eran suaves, molestas pero no dolorosas, me despertaron algunas veces; pasé toda la noche con un sordo dolor de regla.

Cuando salió el sol, las contracciones continuaron. Eran esporádicas, pero empezaban a ser más molestas. ¡Por fin el momento había llegado, mi parto en casa empezaba! ¡Iba a parir y a verle la cara a mi bebé! Pasé el día emocionada, arreglando cosillas.

Cuando David llegó de trabajar, estaba cansada. Comimos, y decidí acostarme un rato en el sofá; había dormido muy mal y quería coger fuerzas por si el gran momento llegaba esa noche. Me tumbé en el sofá y dormí apenas 30 minutos. A las 17h, las contracciones eran ya molestas y cada 10-15 minutos.

No quería que aquello se parase, así que después de un par de horas con contracciones cada 10 minutos, decidimos irnos al Castro a caminar y a subir y bajar escaleras. Nos íbamos parando cada más o menos siete minutos. Avisé a mis matronas de que la cosa se estaba animando.

Al llegar nos pusimos música, cenamos algo y me metí en la bañera. Intentamos acostarnos a descansar sobre la 1h, pero con las contracciones no era capaz de estar tumbada, así que nos pasamos la noche paseando por la casa, bailando e intentando disfrutar del momento.

Sobre las 5, llamé a Marta y a Eva, las contracciones ya eran muy fuertes y seguidas, me dolía sobre todo a nivel lumbar y con el calor no me aliviaba, así que quería que intentasen inyectarme agua estéril, a ver si con ello podía descansar un rato y tomar fuerzas.

Cuando llegaron, escucharon a Teo, que estaba mucho mejor que su madre. Me pusieron las inyecciones (que ahora puedo decir por experiencia propia que duelen y escuecen muchísimo) y empecé a notar las contracciones más en el abdomen y un poco menos en la espalda.

Sobre las 6h, decidimos tumbarnos para poder descansar un poco. Las matronas decidieron quedarse en casa y se fueron a dormir a la habitación que les habíamos preparado. Cada 5 minutos, David me presionaba en el sacro y así, descansábamos y dormíamos lo que podíamos entre contracciones.

A las 9h ya estábamos todos en pie. Yo no tenía nada de hambre, pero me prepararon un zumo de frutas, que tenía consistencia de papilla, para reponer fuerzas… creo que no me pude acabar ni la mitad.

Pasamos la mañana entre contracciones, que parecían haberse espaciado un poco, y paseos por la casa. A mediodía vieron como estaba; había borrado cuello y dilatado unos 3-4cm, aunque la cabeza de Teo seguía muy alta y aún no apoyaba sobre el cuello. Estaba muy contenta porque la cosa había avanzado.

Marta y Eva continuaron dormitando toda la mañana en su habitación. Por la tarde intentamos acostarnos otro rato, pero a media tarde ya no podía continuar tumbada. Las contracciones eran intensas y muy frecuentes.  Estábamos todos cansados, pero estábamos intentando disfrutar cada momento: cantábamos, bailábamos y hasta nos reíamos.

Entrada la noche, no veíamos que la cabeza hubiera bajado. El corazón seguía escuchándose a la misma altura, así que decidimos que era el momento de intentar hacer otras cosas. Me puse a subir y a bajar las escaleras del edificio, caminé a gatas por la casa hasta que me dolieron las rodillas… Así empezamos la noche. Eva y Marta se iban turnando para descansar y David iba durmiendo lo que podía entre contracción y contracción.

A las 5 de la mañana se rompió la bolsa. El líquido era teñido. Teo se escuchaba perfectamente, así que yo quería esperar. Marta me hizo un segundo tacto. Estaba casi igual que por la mañana. El cuello era blando y dilatable, pero la cabeza no se encajaba, por ese motivo no dilataba más. Creían que lo mejor sería ir al hospital, pero yo me negaba a asumir que no pudiese continuar el parto en casa, así que intenté retrasarlo todo lo que pude.

Recogimos la casa, organizamos la cocina, hicimos la cama, intenté comer algo…y cuando ya no pude dilatar más el tiempo, David y yo salimos hacia el hospital. Por supuesto, decidí que haríamos caminando los 5 minutos que separan nuestra casa del hospital. En el camino nos paramos unas 5 veces, y los 5 minutos habituales se convirtieron en más de 15.

David se sentía triste, pensaba que nos íbamos porque él quería , en contra de mi voluntad. Le expliqué que, aunque estábamos haciendo algo que yo no me había planteado, en el fondo era consciente de que era la mejor opción. Si en más de 12 horas de contracciones regulares casi no había habido cambios, el líquido estaba teñido… a lo mejor hacía falta «algo mas».

El trato en el paritorio fue maravilloso. Estuve con Carla hasta las 9 de la mañana, y después sabiendo que entraba de guardia Moncho, le pedí que fuese él mi matrona.

Al llegar con líquido teñido, me dijeron que había que poner oxitocina para acelerar el proceso, y una vez desnaturalizado, me puse también la epidural.

Pedí a Moncho que me bajase la dosis de epidural para poder notar las contracciones y poder empujar cuando fuese el momento, así que pasé la mañana entre la pelota, de cuclillas y a cuatro patas sobre la cama. Las contracciones me molestaban, pero no era nada comparado a lo que había pasado.

Estuvimos solos en la sala de dilatación toda la mañana. Moncho entraba de vez en cuando, pero lo justo. David me besaba, me abrazaba y no paraba de decirme lo bien que lo estaba haciendo desde el principio.

A mediodía llegó Eva. Ella trabajaba en el hospital, así que no tuvo ningún problema para entrar y estar también con nosotros. Sobre las 2 de la tarde empecé a tener ganas de empujar. A Teo le costaba bajar porque su cabeza estaba mal colocada.

Dos horas más tarde empezaba a verse su cabeza asomar. Me dejaron verlo en un espejo. David estaba emocionado y no paraba de sonreírme.

Moncho me preguntó si quería pasar a paritorio o si prefería quedarme allí mismo; yo no quería bajo ningún concepto que me moviesen de allí.

Moncho cogió el teléfono de David para grabarlo todo. Eva observaba la salida de la cabeza de nuestro bebé y David me daba la mano, sonreía emocionado y miraba como nuestro pequeñín se habría paso para conocernos.

A las 4h30 salía su cabecita. Yo estaba de lado sobre la cama. Esperamos a la siguiente contracción para que saliese el cuerpo y por fin pude coger a Teo con mis manos y poner su piel desnuda, cálida y húmeda sobre mi pecho.

No puedo describir lo que sentí en ese momento. Estábamos todos emocionados. Nuestro bebé había nacido de manera dulce y sin dañar mi periné. Al minuto dejó oír su primer llanto y al minuto siguiente ya estaba enganchado a mi pecho.

Los primeros días fueron complicados dado lo mucho que había sangrado, pero una vez en casa todo fue a mejor.

Mi niño nació un precioso 15 de Julio, no como lo habíamos planeado, pero su nacimiento fue íntimo y respetado. Pesó 4140gr, lo que no ayudó a que su descenso en mi pelvis fuera fácil.

Agradezco de corazón el trato de mis matronas en el hospital. Gracias a Moncho por hacer que un parto hospitalario pueda ser íntimo y respetado y gracias a Eva por su acompañamiento, su cariño y su maravilloso trabajo durante tantas horas.

Sé que a Marta le hubiese gustado estar, yo tuve la misma sensación en su parto, pero está claro que el destino no lo quería así. Espero que pueda estar en el nacimiento de mi segundo hijo en casa.

Tras esta experiencia, me he dado cuenta de que la vida no es como las matemáticas y no podemos controlarlo todo. No era lo que quería, pero ha sido una experiencia enriquecedora que me ha enseñado mucho.

Agradezco a mi familia el respeto y la calma, cuando a las 12h se morían de ganas de pedirme que me fuera a un hospital.

A mis amigos y clientes el cariño y la preocupación.

Agradezco a mi pareja su apoyo en todo momento, porque sin él todo esto no hubiera sido posible. Me ha demostrado que no podría compartir mi vida con nadie mejor. Persona, amigo, pareja y ahora, padre maravilloso.

Y, por último, agradezco a mi hijo el haberme escogido como madre y todo lo que me está enseñando día a día, para hacer de mí una mujer y madre mejor.

5 thoughts on “Mi frustrado parto en casa…

  1. Tucomadre

    ¡Qué bonito, Carmen! Es muy emocionante leerte. Bienvenido, Teo. Felicidades a los tres, y a todos los demás que tanto te ayudaron.
    Un abrazo fuerte,
    Irene.

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  2. Erika

    http://hilosbizcochosytinta.blogspot.com.es/2015/08/de-como-un-parto-natural-se-desmorona.html?m=1
    A raíz de mi también parto frustrado escribí este artículo, entiendo perfectamente ese sentimiento que surge cuando ya no se puede esperar más, cuando hay que poner la oxitocina… creo que más relatos así son necesarios porque es abrumadora la culpa que brota después. Lo importante es que nuestros bebés lleguen sanos desde luego, y preparase es necesario incluida la preparación para aquello que puede pasar que no quieres que pase.
    Me he sentido muy identificada con tu experiencia. Un abrazo.

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  3. ana

    Teo te eligió sin duda…. porque eres la mejor!!!! un beso grande.

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  4. Isabel Abel

    Muy emotivo Carmen
    Deseando ir a conocer al pequeño de la casa
    En un par de meses nos dejaremos caer por ahí
    Un abrazo fuerte

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  5. Lalita

    Carmen,
    Siento que no haya sido como querias pero me alegro tanto que hayas encontrado a gente que te respeta dentro del hospital (menos mal).
    Para mi la clave es que los hospitales estan creados por personas, por tanto depende mas de quien te acompañe que de donde estes.
    Teo! Grandote! Bienvenido!
    Parabens a toda a familia#

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